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Neith mito Satélite Venus

Escrito por Enunlugarenelcosmos 07-06-2016 en mitos. Comentarios (0)

Neith es el nombre que recibió un hipotético satélite natural del planeta Venus cuya existencia fue discutida durante los siglos XVII, XVIII y XIX.
Ya en 1645, el astrónomo italiano Francesco Fontana afirmó haber descubierto un satélite alrededor de Venus, si bien su anuncio no tuvo ningún eco o repercusión. Sin embargo en 1672, el astrónomo Giovanni Cassini creyó localizar también un satélite de Venus. Al no estar seguro de su observación dejó pasar el acontecimiento, pero en 1686, tras volver a observarlo, hizo público su descubrimiento, estimando que el cuerpo tenía aproximadamente 1/4 del tamaño de Venus.
En 1740 el astrónomo inglés James Short observó de nuevo el satélite, seguido en 1759 por Andreas Mayer y en 1761 por Joseph Louis Lagrange, quien tras observar de nuevo el satélite, estimó que éste tenía un plano orbital perpendicular al plano orbital terrestre. Durante ese mismo año el objeto se haría visible alrededor de 18 veces a otros 5 observadores.
Especialmente interesantes fueron las observaciones de Scheuten el 6 de junio de 1761: vio a Venus en tránsito sobre el disco solar, siendo acompañado por un punto oscuro más pequeño a un lado, siguiendo su tránsito. No obstante otro astrónomo contemporáneo del fenómeno, Samuel Dunn, en Chelsea, Inglaterra, que también observó el tránsito, afirmó no haber visto el citado punto acompañando al planeta. A lo largo de 1764 otros dos observadores documentaron ocho observaciones del satélite Neith.
Ya en 1766 se producen las primeras voces críticas ante tan huidizo satélite: el director del observatorio de Viena publicó un tratado en el que declaraba que todas esas informaciones se tenían que deber sin duda a ilusiones ópticas provocadas por la luminosidad de Venus.
En el año 1768 el astrónomo danés Christian Horrebow de nuevo observa el satélite venusiano y en el 1777, Johann Heinrich Lambert publicó sus conclusiones y cálculos sobre los diferentes elementos orbitales del satélite en el Berliner Astronomischer Jarhbuchel, anuario astronómico de Berlín, calculando la distancia media estimada del satélite a Venus (66'5), su periodo orbital (11 días y 3 horas) y la inclinación de su órbita en relación a la elíptica (64º).
En 1768 Christian Horrebow observó de nuevo el satélite, en Copenhague, tras lo que se produjeron varias búsquedas del mismo, incluyendo una realizada por William Herschel. Todos fallaron en el intento de encontrar el satélite. Mucho más tarde, el alemán F. Schorr intentó revisar el caso en relación al satélite en un libro publicado en 1875.
En 1884, el ex director del Real Observatorio de Bruselas, M. Hozeau, sugiere que el satélite se muestra cercano a Venus cada 1.080 días no porque esté orbitando alrededor de Venus, sino por que es en realidad un planeta independiente que orbita alrededor del Sol una vez cada 283 días lo que lo colocaba en conjunción con Venus cada 1.080 días. Hozeau lo bautiza con el nombre de la diosa egipcia Neith.
La Academia Belga de Ciencias publica en 1887 un estudio en el que se refuta la existencia de Neith y del satélite de Venus, demostrando que todos los registros realizados hasta la fecha eran de estrellas cercanas ópticamente a Venus.
La última observación de la teórica luna se produjo el 13 de agosto de 1892, cuando Edward Emerson Barnard registró un objeto de magnitud 7 cerca de Venus. No existe una estrella en la posición registrada por Barnard. Todavía no se sabe qué es lo que vio, pero la tesis de Neith dejó de tener credibilidad científica.
Imágenes: 1.Representación artística de Venus y su satélite, de 1882. 2.Ilustración de Francesco Fontana del supuesto satélite de Venus. Xilografías de los trabajos de Fontana (1646). Los rayos que surgen de la mancha blanca (cara iluminada de Venus) es un efecto óptico.

Foto de En un lugar del cosmos.

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Tyche

Escrito por Enunlugarenelcosmos 11-04-2016 en mitos. Comentarios (0)

Tyche es el apodo dado a un hipotético planeta gaseoso situado en la nube de Oort en los límites exteriores del sistema solar, fue propuesto por primera vez en 1999 por el astrónomo John Matese de la Universidad de Luisiana en Lafayette. Matese y su compañero Daniel Whitmire sostienen que las pruebas de la existencia de Tyche se pueden ver en el supuesto de origen de los cometas de largo período. Señalaron que Tyche, de existir, debe ser detectable en el archivo de datos que se recogió por el telescopio Wide-field Infrared Survey Explorer (WISE) de la NASA. Sin embargo, varios astrónomos han expresado su escepticismo sobre la existencia de este objeto. El análisis durante los próximos años será necesario para determinar si WISE realmente ha detectado o no un mundo.
Matese propuso por primera vez la existencia de este planeta en 1999, basado en sus observaciones de las órbitas de los cometas de período largo. La mayoría de los astrónomos coinciden en que cometas de período largo (aquellos con órbitas de miles de años) tienen una distribución isotrópica, es decir, que llegan al azar de cada punto en el cielo. Debido a que los cometas son volátil y se disipan con el tiempo, los astrónomos sospechan que se deben estar almacenados en una nube esférica de decenas de miles de UA (conocida como nube de Oort) para la mayor parte de su existencia. Sin embargo, Matese afirmó que en lugar de llegar a puntos al azar en el cielo como se piensa comúnmente, las órbitas de los cometas estaban, de hecho, agrupadas en una banda inclinada con respecto al plano de la órbita de los planetas. Esa agrupación podría explicarse si se vieran afectados por un objeto no visible, por lo menos tan grande como Júpiter, o posiblemente una enana marrón, situada en la parte exterior de la nube de Oort. También sugirió que tal objeto podría explicar también la peculiar órbita del objeto transneptuniano Sedna. Sin embargo, el tamaño de la muestra fue pequeño y los resultados no fueron concluyentes.
Whitmire y Matese especulan que la órbita de Tyche encuentra a aproximadamente 500 veces la distancia de Neptuno al Sol (15 000 UA), un poco menos de un cuarto de año luz. Esto sigue siendo así en la nube de Oort, cuya frontera se estima en más de 50 000 UA. Tendría un período orbital de aproximadamente 1 800 000 años. Los datos sugieren que un objeto de 5 masas de Júpiter tendría que tener que estar a una distancia superior a 10 000 UA. Este planeta podría orbitar en un plano diferente en la orientación de nuestras órbitas de los planetas actuales, y probablemente se formó en una órbita de objeto binario. Binarios de ancho se pueden formar a través de la captura durante la disolución de una estrella de cúmulo abierto.
Tyche (Τύχη, que significa "fortuna" o "suerte" en griego) fue la diosa griega de la fortuna y de la prosperidad. El nombre fue elegido para evitar la confusión con una hipótesis similar anterior que propone que el Sol tiene una compañera muerta llamada Nemesis, cuya gravedad provoca la afluencia de los cometas en el sistema solar interior, dando lugar a extinciones en masa de la Tierra. Tyche era el nombre de la "hermana buena" de Némesis. Este nombre fue utilizado por primera vez para un objeto nube de Oort exterior por Davy en Kirpatrick el Centro de Procesamiento y Análisis infrarrojo del Instituto de Tecnología de California.

Foto de En un lugar del cosmos.

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Némesis

Escrito por Enunlugarenelcosmos 11-04-2016 en mitos. Comentarios (0)

La hipótesis Némesis surgió en un artículo de investigación publicado en 1984 por R. A. Muller (físico, Universidad de California en Berkeley), Piet Hut (físico, Instituto de Estudios Avanzados de Princeton) y Marc Davis (Princeton) en la revista Nature. Némesis sería, según este artículo, una estrella oscura y pequeña, tal vez una enana marrón, con una órbita decenas, centenas o hasta millares de veces más distante que la de Plutón.
La hipótesis Némesis es una hipótesis astronómica que sustenta la posibilidad de que nuestro Sol forme parte de un sistema binario. En este sistema, la estrella compañera del Sol —aún no descubierta— se llamaría Némesis (la diosa griega de la retribución y la venganza) por los efectos catastróficos que produciría al perturbar periódicamente la Nube de Oort.
Según esta hipótesis, nuestro Sol —al igual que el 50% de los sistemas de estrellas de la galaxia— formaría parte de un sistema binario. Su otro foco sería una enana marrón o un pequeño agujero negro. El supuesto objeto, denominado "Némesis" por los investigadores, orbitaría a entre 1 y 3 años luz de su pareja.
Cada 26 millones de años, Némesis pasaría cerca o entraría en la nube de Oort, desestabilizándola y lanzando lluvias de grandes cometas en dirección al Sol, lo que nos explicaría la aparente periodicidad de los grandes impactos y las extinciones asociadas (confirmada por el registro fósil y los estratos geológicos de iridio extraterrestre). Sin embargo, precisamente la precisión y regularidad de las extinciones masivas en el pasado demuestra que Némesis no existe.
También existen algunas mediciones magnetométricas y otros indicios que favorecerían esta suposición. Sin embargo, el hecho de no haberse registrado un campo gravitatorio asociado a la estrella pone en entredicho la hipótesis.
Muller ha llegado a afirmar en alguna entrevista que «si le dan un millón de dólares, descubre a Némesis». En 1985, Whitmire y Matese, de la Universidad de Louisiana del Sur, sugirieron que Némesis podría ser un pequeño agujero negro.
Desde esas fechas la hipótesis aparece y desaparece periódicamente en los medios de comunicación o en la comunidad científica, siendo a veces ridiculizada por la mayoría (científicos, astrofísicos, publicaciones y prensa especializada, etc.) y a veces sustentada por otros grupos (algunos blogs, sectas, etc.). La mayoría de los científicos oscilan entre el escepticismo y la burla o mofa, debido a que la hipótesis es fácilmente desmontada, aunque hay un grupo que la apoya de manera más o menos discreta.
A comienzos de 2000, un equipo de astrónomos de EE. UU. calculó que la estrella oscura, en caso de existir, podría ser un enana marrón, coincidiendo con las afirmaciones de John Matese, de la Universidad de Luisiana, quien ese mismo año estudió las órbitas de ochenta y dos cometas de la nube de Oort, afirmando que sus órbitas tenían algunos elementos extraños en común que solo se podían explicar por la influencia gravitacional de un objeto de varias veces el tamaño de Júpiter. Según su hipótesis, el nuevo planeta estaría treinta mil veces más lejos del Sol que la Tierra, y haría su órbita alrededor del Sol en el sentido opuesto al de los otros miembros del sistema solar.
Aún no se posee material probatorio sobre la existencia de Némesis y no se ha observado ni registrado ningún campo gravitacional asociado a la supuesta estrella.

Foto de En un lugar del cosmos.

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Nibiru

Escrito por Enunlugarenelcosmos 11-04-2016 en mitos. Comentarios (0)

Desde el descubrimiento de planeta nueve, veo mucho comentario que lo relaciona con Niburu, ya hablamos de este mito en su día pero para sacar de dudas lo expondré otra vez.
Nibiru es el nombre de un cuerpo celeste de la mitología babilónica.
Nibiru, para los babilonios, era un cuerpo celeste asociado con el dios Marduk. Nibiru significa "lugar que cruza" o "lugar de transición". En muchos textos babilonios se identifica con el planeta Júpiter, aunque en la tablilla 5 de la Enûma Elish se asocia con la estrella polar.
Aunque en algunos círculos esotéricos se ha propuesto que Niburo es un planeta más allá de Neptuno que cruz las órbitas del resto de planetas, la comunidad científica niega tajantemente la existencia de un planeta así, y ha realizado múltiples declaraciones en este sentido. Para los astrónomos, «las persistentes declaraciones acerca de un planeta cercano pero invisible son simplemente absurdas».
Desde los foros científicos se alerta sobre una estrategia habitual para confundir y alimentar el mito de la existencia de este planeta, consistente en relacionar el planeta ficticio Nibiru con cualquier comentario acerca del Planeta X o con el planeta enano Eris.
En 1930, Clyde Tombaugh encontró el planeta Plutón, después de una sistemática búsqueda iniciada por el Observatorio Lowell como resultado de las predicciones de Lowell acerca de la existencia de un miembro adicional en nuestro sistema solar (debidas a la órbita irregular de Neptuno). Sin embargo, se comprobó que la masa de Plutón era diminuta, y una vez analizada la órbita de Caronte (la luna de Plutón) se encontró que la masa del sistema era demasiado pequeña para afectar a la órbita de Neptuno. La búsqueda del Planeta X continuó.
En 1983 se produjo el lanzamiento del satélite-telescopio infrarrojo IRAS. Basadas en las observaciones de este satélite, se publicaron unas declaraciones, y posteriormente en 1984 también un artículo científico en la revista Astrophysical Journal Letters, titulado “Unidentified point sources in the IRAS minisurvey” (‘fuentes puntuales no identificadas en el miniestudio de IRAS’), en las que se discutían varias fuentes infrarrojas detectadas de origen desconocido. Este artículo provocó gran revuelo, y el resurgimiento de todo tipo de bulos y teorías conspirativas. No obstante, más tarde se descubriría que estos «objetos misteriosos» resultaron ser galaxias lejanas.
En 2008, un equipo japonés anunció que según sus cálculos, debía existir un planeta no descubierto a una distancia de unas 100 UA (la unidad astronómica es la distancia media entre la Tierra y el Sol: unos 150 millones de kilómetros) con un tamaño de hasta dos tercios del de la Tierra. Estos cálculos refuerzan la hipótesis de la existencia de un planeta X, pero nada hace pensar que su órbita pueda ser distinta a la del resto de objetos del cinturón de Kuiper.
En 2008 se publicó la novela La clave de Leo, de Ricardo Vega, donde se hace referencia al planeta Nibiru (también llamado Marduk por el autor), como un planeta del sistema solar que posea una órbita muy excéntrica con respecto al Sol. Según la trama de la historia, el planeta no pertenecía al conjunto de cuerpos celestes que orbitaban alrededor del Sol, pero en su paso por el sistema solar la órbita de uno de ellos se intersecó con la de su luna Tamat, dando origen al planeta Tierra. Luego los ficticios habitantes de Nibiru o Marduk (llamados anunakis) colonizaron el nuevo planeta con sus conocimientos y habilidades tecnológicas. El planeta retorna cíclicamente al sistema solar, y en su recorrido su órbita transcurre cercana a la órbita de nuestro planeta, generando toda clase de desastres climáticos.
Continuamente blogs y páginas pseudocientíficas afirman que Nibiru ya es visible o que la NASA oculta la información, dando como prueba un efecto óptico que se produce en las cámaras de baja calidad al fotografiar el Sol (nunca se ve a simple vista). En Google se cuentan por miles las páginas, aunque no hay referencias científicas. Uno de los argumentos típicos para explicar la falta de visibilidad sostiene que: "El ojo humano solo puede ver los colores que están dentro del espectro de luz visible, es decir, cuando la emisión de luz posee una longitud de onda de 400 – 700 nm. En cambio la luz del infrarrojo posee longitud de onda mayor, por lo que necesitamos una cámara que sea capaz de detectar la luz infrarroja, que presumiblemente sea la que Nibiru emita". Sin embargo, al mismo tiempo plantean que Nibiru es un planeta (por lo tanto debe reflejar la luz visible del Sol) y no una estrella que emita luz. El supuesto planeta nunca fue visto ni detectado por instrumentos. 
Mañana hablamos de Hercólubus otro mito sobre el planeta X.
Imagen órbita de Niburu.

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Historia Nibiru

Escrito por Enunlugarenelcosmos 11-04-2016 en mitos. Comentarios (0)

En este post queremos presentar a uno de los defensores de todo este bulo.
Zecharia Sitchin (Bakú, RSS de Azerbaiyán, 11 de julio de 1920 – Nueva York, Estados Unidos 9 de octubre de 2010 ) fue un escritor, autor de una serie de libros, que promueven la teoría de los antiguos astronautas, el supuesto origen extraterrestre de la humanidad, la cual atribuye la creación de la cultura sumeria a los Anunnaki (o Nefilim) que procederían del planeta llamado Nibiru que supuestamente existiría en el sistema solar.
Sitchin interpretó las traducciones en lenguas modernas de los textos escritos en varias tablillas de arcilla que se encuentran en distintos museos del mundo, aunque muchas son falsas o inexistentes, no documentadas en ninguna fuente verificable externa al propio Sitchin. Según esta interpretación, habría que hablar de una nueva versión de la creación humana, según la cual seres extraterrestres serían los responsables del inicio y la evolución de la especie humana (mediante intervención con ingeniería genética). Estas interpretaciones han sido desacreditadas por expertos en lenguas antiguas. Así, el experto en lenguas antiguas Michael S. Heiser mientras que el profesor Ronald H. Fritze, en su libro Conocimiento inventado: Falsa Historia, Falsa Ciencia y Pseudoreligión, menciona como ejemplo de falsificación histórica la afirmación de Stichin de que el signo sumerio Din-Gir significa "los puros de los cohetes humeantes", añadiendo que la asignación de significados a palabras antiguas por parte de Sitchin es tendenciosa y frecuentemente forzada.
Fritze también critica la metodología de Sitchin, asegurando que "cuando los críticos han comprobado las referencias de Sitchin, han encontrado que este cita frecuentemente fuera de contexto, o trunca sus citas para distorsionar la evidencia y probar sus afirmaciones. La evidencia es presentada de forma selectiva y toda evidencia contradictoria es eliminada".
Fue autor de las «Crónicas de la Tierra», una serie de 7 libros en los que expuso el resultado de sus investigaciones: El 12.º planeta (presentado en 1976) fue el primero de ellos. Además de estos ejemplares, 7 volúmenes más acompañan a la serie, añadiendo estudios recientes, descubrimientos y exposiciones nuevas acerca de sus teorías. Sus reinterpretaciones provocaron muy diversas reacciones. Según su reinterpretación de las traducciones realizadas por los expertos en lenguas sumerias, acadias y asirio-babilónicas, existe en el sistema solar un planeta llamado Nibiru que se acerca cada 3600 años, provocando cambios positivos o catástrofes. El tamaño y la órbita con la cual Nibiru ("Planeta del Cruce" traducido) ingresa a nuestro sistema solar (a favor de las agujas del reloj, contrario al resto de planetas), serían los causantes de tales eventos.
Según las teorías de Sitchin basadas en sus reinterpretaciones personales, y en lo que cree que debe leerse en los escritos sumerios sobre el origen del planeta Tierra, Nibiru (Marduk para los babilonios) fue capturado por la órbita de Neptuno (EA). Ingresó en nuestro sistema solar contrariamente al sentido en el cual giran los demás planetas (en contra de las agujas del reloj) y varios de los satélites del "planeta intruso" impactaron con la Tierra (Tiamat) partiéndola en dos, y desplazándola de su órbita natural. Con el tiempo, nuestro planeta, iría adquiriendo la forma como lo conocemos hoy día, y los restos de la colisión serían el cinturón de asteroides.
Según dice Sitchin, en los textos sumerios se hablaría de una raza extraterrestre (los Anunnaki), que habrían creado a los humanos para que trabajaran como esclavos en sus minas de África (y en otros lugares de la tierra como América del Sur y Mesoamérica), con el fin de obtener minerales y metales, principalmente oro. Pero lo cierto es que ni siquiera existe el término Anunnaki en todo el léxico sumerio y asirio-babilónico. Es un viejo error de lectura de los primeros estudiosos de tales lenguas que hace ya muchas décadas -incluso antes de Sitchin empezar a escribir sus libros- que ya había sido descubierto y corregido.
Según su reinterpretación, los de "cabeza negra" de Sumeria fueron creados por esos seres, al mezclar las esencias de vida del hombre/mujer simio y los Anunnaki. El proceso consistía en «fijar» sobre la criatura ya existente la «imagen» (la composición genética, interna) de los Anunnaki; es decir, implementar mejoras en el hombre/mujer simio mediante manipulación genética y, adelantándose así a los acontecimientos evolutivos, darle vida al «hombre», al Homo sapiens. El término "cabezas negras" es el autónimo que los sumerios utilizaban para referirse a ellos mismos. Se veían así mismos como esclavos al servicio de los dioses, que los habrían creado para que trabajaran para ellos. Todo ello, según la reinterpretación personal de Sitchin.
Las tablillas sumerias se refieren a la gente de cabeza negra que fueron creados en una región geográfica llamada 'AB.ZU.' (Mundo Inferior o Hemisferio Sur), Sitchin pensaba que correspondía a África del occidental.
Sin embargo, el AB.ZU, para los sumerios, no es una región geográfica, sino es el principio primordial masculino del agua dulce de los acuíferos subterráneos.
Sitchin habla de que la realeza era una combinación de "Dioses" y humanos, o que eran descendientes directos del dios solar, Shamhash.

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